Thursday, November 23, 2006

Un resumen del taller del P Miguel


Las fuentes de la felicidad

Existe en el hombre una búsqueda de felicidad que dura toda su existencia terrena. Sólo la encontrará, de forma permanente y sin ninguna interrupción ,así lo creemos los cristianos, en el cielo, donde se realizará en forma plena.
El alma humana está impulsada en todo momento por un hambre de felicidad; esta hambre es un instinto primordial del hombre. Mientras más fuerte esté esta conciencia en nosotros, mejor será nuestra receptividad.

Nosotros debemos también ejercitarnos y formarnos para poder tener una mayor capacidad y disposición receptiva para captar y saborear los momentos alegres en nuestra vida, para poder desarrollar en nosotros una verdadera hambre y un buen gusto de alegría.

Nuestro peor enemigo es la tristeza y desánimo que reina en el mundo actual producto de muchas vivencias negativas, a veces muy fuertes que van condicionando o atrofiando nuestras capacidades de gozar y de disfrutar de la completa felicidad.

Mi felicidad será también una ayuda para hacer fecundas todas mis actividades, ya que les pondrá una impronta diferente, vital, que motive a otros y que encienda corazones.

¿Cómo es posible poder ser alegres cuando el ideal de nuestra fe no lo es? No se trata sólo de saber que Dios posee alegría, sino que apunta al hecho de que hay que experimentarlo: saberlo y sentirlo en la propia vida.

Por todo esto, necesitamos que nuestra alma tenga vivencias de alegría profunda: de alegrías aquí en la tierra. Hemos dicho que nuestra vida es constante búsqueda de la alegría, hasta llegar a la alegría permanente y duradera que será la del cielo, pero nuestro paso a la alegría sobrenatural no es automático, de la misma manera que la experiencia del amor de
Dios tampoco lo es.

Yo no puedo decir que Dios me quiere si yo no he experimentado ese amor aquí en la tierra a través de gente concreta e incondicional. De la misma manera, no se puede vivir la alegría sobrenatural si no he experimentado profundos estado de alegría naturales, sencillos, cotidianos, de todos lo días donde he podido experimentar que soy feliz, el hombre no lo resiste.

Cuando falta la alegría, se va perdiendo de cierta manera la elasticidad, es como si uno se fuera poniendo rígido, y de alguna manera más duro, menos flexible, más categórico. Cuando la persona si alegría se ve enfrentada a dificultades de diversa índole, se cae, se derrumba o las enfrenta de manera diferente, con menos fuerza y convicción. Esa flexibilidad y frescura que da la felicidad, hace que las personas puedan adaptarse de mejor manera a los grandes desafíos .

Pedro y Francisca pololean hace un año y se llevan muy bien. De repente, algo pasa en su pololeo y ya no es lo mismo. La conversación ya no es tan entretenida, ya no tienen las mismas ganas de salir juntos, no se pescan tanto. Comienzan a surgir las dudas: ¿qué pasa? ¿Habrá otra persona? ¿Se acabó el amor? Uno más que otro comienza a sospechar y no tienen la misma confianza de antes y se sienten muy tristes, creen que ningún pololeo que siga será igual que el que tuvieron y se amargan por eso. Dicen que nunca más creerán en el verdadero amor.

Juanito participaba en la parroquia en los grupos juveniles, era uno de los más comprometidos con todo el trabajo pastoral y muy amigo del párroco, el P. Rigoberto, que lo había recibido con mucho cariño y lo había acogido desde sus comienzos en la Iglesia. De repente, el P. Rigoberto llama a Juanito para decirle personalmente que será trasladado de parroquia, muy lejos. Juanito siente que todo su trabajo personal, toda su entrega en la parroquia ya no será lo misma y ya no se siente feliz. No será lo mismo con otro párroco al que no conoce, y siente que no podrá seguir entregándose de la misma manera, que nunca será lo mismo.

Anita es un poco reticente a compartir sus sentimientos, pero conoce en la parroquia a Cecilia, una de sus mejores amigas, y se da una relación de mucha confianza y amistad que va creciendo con el tiempo. Se hacen muy amigas, y comparten todo. Conocen a sus familias, incluso se ayudan a estudiar, comparten secretos. Anita piensa que de verdad ha encontrado en Cecilia a su mejor amiga, la amiga de su vida. Lamentablemente, Cecilia tiene que partir con sus papás a vivir a otra ciudad. Anita queda desconsolada y piensa que nunca más alguien la va a querer como Cecilia. Tiene miedo de compartir sus sentimientos con otra amiga por miedo a pasar por la misma decepción que tuvo con su mejor amiga.
Los mejores antídotos contra este tipo de tristeza son: cultivar una profunda relación personal con Dios; sentirse amado, profundamente amado, tanto, que no necesite que me lo estén reafirmando cada vez, sino que saberlo.
San Francisco de Sales dice: “Créete amado, siéntete amado, sábete amado”.
Con respecto a los pensamientos tristes, una buena recomendación: verbalizarlos frente a alguien que nos ayude, que nos aconseje, pero que sea alguien que verdaderamente nos haga bien. Escribirlos, ¡¡¡nos hace tan bien!! Y muy importante, desarrollar siempre una actividad creativa, algo en lo que pueda plasmar mi mundo interior, mi felicidad
¿Qué podemos hacer para acrecentar nuestra felicidad?

Decíamos que la felicidad es un instinto primordial en nuestra vida, que sentimos un hambre de felicidad, que tenemos que afinar los sentidos de nuestra alma para poder buscarla y encontrarla.
La felicidad es una verdadera armonía en nuestra vida. Es como las notas de un acorde musical. Para que un acorde suene bien, tiene que tener 3 notas musicales que suenen juntas armónicamente, si las notas son las correctas, existe la armonía, si no, se escucha destemplado.

¿Cuáles son las 3 notas del acorde de la felicidad?
La relación con Dios, relación con uno mismo, relación con los demás. O para seguir usando el lenguaje de este taller: el amor a Dios, amor a uno mismo, amor a los demás.